Páginas

jueves, 28 de julio de 2011

Notebook.-

Una vez tuve un amor. Recorrimos las calles a toda velocidad mientras el viento despeinaba nuestros cabellos, pasamos noches en vela solo para ver el amanecer, juntos. Cada hora era hermosa, cada minuto, sagrado. 
Una vez tuve un amor. Un amor que me arrebataron... que me arrebató el mismo tiempo, tirano y egoísta que alguna vez quise tanto. Me lo sacó, la mala fortuna y una tonta desgracia, o mejor dicho, una absurda pelea. Mis últimas palabras fueron: "Ojalá nunca te hubiera conocido." Las de Él: "Hasta nunca"... Que paradoja, ¿no? Saber que sus últimas palabras fueron ciertas, que nunca más pude abrazarlo, besarlo. Que nunca pude decirle que realmente lo amaba, que me hacía la mujer más feliz del Universo.
Desde ése momento, un remordimiento quedó en mí. Cada día, al atardecer, detengo los relojes, todos y cada uno. Luego, me siento en mi sillón, cierro los ojos, y espero que la luz naranja de cada atardecer lo traiga de vuelta; solo dos segundos. Quisiera decirte los miles de perdones que tengo reprimidos, darte los millones de besos que tengo guardados, y volver a recorrer las antiguas calles mientras el viento intenta detenernos.
Una vez tuve un amor, y desde el día que partió, el tiempo se detuvo para mí. Desde ése momento no hubo más que atardeceres.

1 comentario: