Marina era calma, sí, calma. Tenía esa calma que nadie había visto nunca. Sus ojos eran tan serenos que una vez que los mirabas te perdías en ellos. Tenía esa mirada profunda, pura. Sus pasos eran suaves, sus movimientos delicados. Era perfecta.
Pasaba las horas sentada en el puerto, mirando, esperando. Esperando algo que nadie sabía que era, pero que sabían que llegaría.
Todos en el pueblo la adoraban, la conocían. Pero había algo que a Marina le molestaba debajo de esa serenidad y perfección. Quizás, no era tan perfecta como creían. Quizás el hecho de que la creyeran tan perfecta la molestaba, al punto de querer huir.
Ella, tan calma, tan perfecta a la vista de todos, no era tan perfecta, ni tan pura. Sólo era lo que todos anhelaban ver. Y ella, ¿qué anhelaba? ¿Un beso?¿Una caricia? Tan solo la idea de imaginar un hombre cerca de su piel, tomándola, haciéndola suya, la estremecía. Marina era la esperanza de muchos, pero la realidad de pocos.
Un día inesperadamente, tomó sus cosas y huyó. Zarpó en un barco llamado "Los sueños" y nunca más, se la volvió a ver. Algunos dicen que se puede escuchar su voz entre el viento suave y cálido del verano. Algunos dicen, que Marina, solo era la esperanza que aquel día, desapareció.
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